I
Era un día de invierno, de aquellos
días donde las calles brillaban producto de toda la lluvia caída. Caminaba muy
lento o al menos así lo recuerdo. –Aun creo que fue un sueño o ¿En realidad
pasó?- Caminaba rumbo a la universidad del Gran Capitolio. Me encontraba a unos
veinte cinco minutos de la próxima parada de autobús. Los árboles me
acompañaban en esta triste jornada invernal, donde lo verde se ocultaba debajo
de una frazada para una cama helada. Se escuchaban algunas bocinas de taxis que
buscaban a algún pasajero apresurado, el cual podía necesitar algún refugio
instantáneo muy barato. Yo no hice caso a estos llamados, o así al menos lo
recuerdo. Avance por la calle Principal Lake, el cual era una breve avenida
llena de residenciales. El olor a leña que emitían estos hogares, invitaban a
mi cuerpo a buscar un sitio seco. La lluvia no cedía y ya sea por mi juventud o
necedad, jamás llevaba un paraguas cuando el tiempo lo requería. Entonces uno
camina debajo de la lluvia, todos los sonidos se distorsionan, incluso la vida
cambia; recuerdo que ese día, pero solo ese día y ese momento, a parte de mí y
unos perros, nadie más se encontraba en las calles.
Dejé Principal Lake para tomar la
calle izquierda, River Principal. Una avenida muy concurrida por el transporte
privado y público, llena de un sinfín de sonidos, luces de todos los tonos y un
frio continuo en esta parte del hemisferio. Crucé la avenida para luego
encontrarme con los rieles del tren urbano. Cuando ya empezaba a cruzarlos,
escuche la sirena del tren, así que como todo ciudadano civilizado, espere que
pasara, o al menos así lo recuerdo. El crujido del metal sobre los rieles
silenciaba todo el entorno, mi mirada se perdía en las luces que estaban dentro
de los vagones. Por alguna extraña razón las siluetas de los pasajeros se
apreciaban uniformes, como si se tratase
de la misma persona. No recuerdo que el tren urbano fuese tan largo, mire hacia
la derecha en dirección al Gran Capitolio y no se observaba el fin de los vagones.
Algo andaba mal, mi cuerpo se detuvo, mi corazón empezó acelerarse, la
desesperación cubrió mi ser. El sonido de un maullido hizo que me durmiera,
todo quedo en negro.
Me encontraba estático debajo de la
lluvia, muy confundido. La bocina de un taxi hizo que mi cabeza girara para
observar a mi entorno. -¿Qué fue lo que sucedido?- Recuerdo estar mirando el tren
urbano -¿Fue un sueño?- Realmente me encontraba desconcertado. Me hallaba fuera
de mi hogar, rumbo a la universidad en una mañana de invierno. Baje rápidamente
por Principal Lake, observe que estaban los mismos perros en las calles
aledañas, los árboles y el sonido del viento se repetían nuevamente, incluso un
taxi hizo sonar su bocina para llamar la atención de algún pasajero. Cuando llegue a la avenida River Principal,
me detuve o al menos así lo recuerdo, pensé en lo cansado que estaba, debido al
estudio nocturno. Tome aire y camine lentamente hasta los rieles del tren
urbano. Se escuchaba que se acercaba, así que me detuve otra vez. Era el tren
de las siete, con rumbo a la estación Portuaria un lugar muy concurrido por su
oferta de productos marinos. Una vez más contemple las mismas siluetas, todas
de un tamaño simétrico, como si se tratase de un rectángulo sin fin. Mi cuerpo
se paralizó, mis pulmones se empezaron a inflamar, la desesperación controlo mi
sangre, trate de gritar, pero el metal de las ruedas hicieron un estruendo
enorme, cuando todo se puso en negro, otra vez escuche el maullido de un gato.
Estaba parado frente a mi hogar,
debajo de la lluvia o al menos si lo recuerdo. Por alguna misteriosa razón, no
volvía a entrar a mi hogar. –Esto no es un sueño ¿Qué está pasando realmente?-
Estuve quieto un buen rato, pero sentía que caía la misma cantidad de lluvia y
en la misma dirección, como si se repitiera. –Estaré perdido en algún tipo de
sueño- comencé a caminar nuevamente, todo ocurría en el mismo orden: los perros
en las calles, el vacio y el frio del invierno, algún taxi y sus bocinas que
preguntaban al aire. Esta vez corrí rápidamente hasta River Principal, usando
la misma ruta. Sabía que pasaría el tren urbano en algunos minutos; cuando
llegue al cruce de los rieles, se escucharon las sirenas de este. -¿Pero cómo?
Avance mucho más rápido esta vez, aun no eran las siete- Como si mi cuerpo
tomara vida propia, se detuvo, aprecie la misma escena otra vez, pero la
sensación en mi cuerpo cada vez era peor. Escuche el maullido de un gato y todo
se fue a negro o al menos así lo recuerdo.
II
La lluvia golpeaba mi cabeza, ahora
no pensaba en moverme, espere mucho tiempo para que mi padre o hermanas
salieran de la casa, pero nadie salió. No se escuchaba vida en ninguna parte,
solo la lluvia y la bocina de algún taxi. -¿Qué Hago? Caminaré nuevamente- Tomé
la decisión de continuar, pero esta vez cambiaria la ruta. Avance por Principal
Lake y tome la avenida de la derecha,
Lake 57. Cuando entre a esta calle ocurrió algo muy bizarro y extraño. Un
millar de gatos negros bloqueaban el paso, como si se tratase de una pared, uno
arriba del otro, mirándome con sus enormes ojos amarillos. No encontré razón a
lo que estaba contemplando, retrocedí lentamente, jamás les di la espalda.
Intente correr hacia la calle Lake 33, pero sucedió la misma escena, miles de
gatos sobre sus espaldas, mirándome continuamente. Tras esto pensé que en cada
calle o avenida que no fuese la ruta principal, me aparecerían estos gatos. Camine por Principal Lake y River Principal,
ya derrotado espere el tren urbano, mis ojos empezaron a llorar y todo se fue a
negro junto al maullido de un gato.
Cuando entre en razón avance
rápidamente a Principal Lake para tomar un taxi. Escuche el bocinado e hice una
señal de parada. El vehículo se paro frente mío, abrí la puerta y tome el
asiento bruscamente. De alguna forma no aprecie lo que estaba pasando a dentro
del taxi o aun estaba muy confundido, solo pregunte si paraba en la estación de
autobuses de Blanco Point. No hubo respuesta y el taxi comenzó a avanzar.
Lentamente se dirigió por Principal Lake, observe que estaban los mismos
perros. Volví a preguntar, pero esta vez con un tono más brusco. Al chofer solo
se le veía una silueta enorme, como la de un hombre obeso. Comencé a gritarle y
a golpear la ventana del asiento trasero. El taxi aceleró hasta llegar rápidamente a River Principal y
se detuvo. Un ronroneo empezó a invadir todo el vehículo, pregunté otra vez si
tenía alguna para por Blanco Point, no hubo respuesta. El ronroneo se escuchó
más fuerte, mi cuerpo estaba paralizado del miedo, no entendía lo que estaba
sucediendo o al menos así lo recuerdo.
Tome valor y de una patada golpeé al chofer. La piel se me erizó, intente
gritar pero mi lengua quedo helada. Un desmesurado gato de color negro, con
finos bigotes de tono blanco me observaba. -¡El chofer del taxi era un maldito
gato!- De alguna forma logre bajar frente al riel del tren urbano. En ese
momento perdí la noción del tiempo, se escuchaba los ronroneos de miles de
gatos y la llegada del tren de las siete. Mis ojos comenzaron a doblarse, mi corazón
palpitaba a tal punto que sentía que saldría de mi pecho, la sangre que corría
por mis venas hervía brutalmente. Cuando paso el tren, las siluetas cambiaron,
ahora eran gatos, cientos de estos, mirándome fijamente. Todo quedo en
negro junto al maullido de un gato.
III
Sabía lo que debía hacer, pero era
una decisión dura, camine sin vida hacia Principal Lake, nuevamente escuche las
bocinas de los taxis, hice una parada en el lugar donde estaban los perros.
Cuando me acerque vi que algo andaba mal, las caras de estos no eran de un
perro sino de un felino, los cuales se
estaban comiendo sus propias viseras que se les escapan del recto. Mi locura
estaba comprada, grite maldiciendo este sueño que se repetía eternamente. Los
perros-gatos comenzaron a seguirme. De sus bocas salían enormes lenguas, estas
se dividan en dos o en tres, sus pelajes comenzaron a caerse y desde la piel
una especie de ampollas se reventaban dejando un olor nauseabundo. Corrí muy
asustado hasta River Principal y espere frente a la línea del tren. Sabía lo
que debía hacer, entendí que en ese momento alguna entidad superior reclamaba
mi vida o viviría en la eterna locura, siempre supe que en el Gran Capitolio
ocurrían cosas, desde la zona portuaria hasta las minas de carbón. Esta vez el
tren cambio de forma; a un gusano pestilente, con miles de ojos viscosos y
repulsivos, encima de él un enorme gato negro que recitaba la palabra “Hermac”.
Salte hacia el gusano y mi cuerpo desapareció, todo quedo en negro justo con el
maullido de un gato.
Algo cambio desde ese momento, tengo
la noción que desperté en otro lugar, ya no llovía y estaba en la Estación de
Ferrocarriles “Costa River”. Mi cuerpo
se sentía extraño, avance hacia un gran espejo que estaba colgando en un pilar
o al menos así lo recuerdo. Me mire confundido, un lindo gato negro se
reflejaba en el espejo y entendí que algo extraño había ocurrido con el tren
urbano de las siete. Comencé a caminar y me encontré con el periódico “La
Llamada” perteneciente al Gran Capitolio” el enunciado principal destacaba -Loco esquizofrénico atenta con su vida
luego de reiteradas ocasiones; Muere despedazado contra el tren urbano de las
siete-
Entendí que algo milagroso había
ocurrido, entre en un bucle permanente, producido por una entidad desconocida,
buscando una vida, una vida enferma. Ahora formo parte de Hermac, el gusano que
recorre los rieles.

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